Oralidad, narrativas y espantos 



Con respecto a las formas de preservar narrativas tradicionales, encontramos el aporte de la literatura oral, en ella podemos encontrar elementos populares tales como las leyendas y cuentos, historias que mezclan elementos de la cotidianidad con escenas fantásticas del pensamiento mágico religioso, que nos hablan acerca de ese complejo mundo de elementos culturales perteneciente a Guatemala y su  respectiva historia.  

La cotidianidad es un espacio en donde las prácticas sociales reflejan los elementos esenciales de la cultura popular, todo cuanto ocurre en el diario vivir nos habla de la forma característica como nos relacionamos en sociedad; las leyendas son una forma de transmisión cultural, nos hablan no solo de peligros y misticismos religiosos asociados a la obediencia y desobediencia, también nos garantizan la transmisión de determinados patrones culturales, sociales y político-económicos, que responde a un orden establecido y a determinado consenso social que vuelca en la oralidad todo aquello que conoce y practica.  

Incluso podemos advertir elementos asociados a la clase social, esto y lo anterior, se encuentra bien perfilado sobre todo cuando logramos analizar que en leyendas como “La Llorona, La Siguanaba y Las lágrimas del sombrerón”, se menciona constantemente la importancia de la familia, los apellidos, los matrimonios arreglados y las costumbres de la sociedad conservadora de antaño.

La ciudad de aquel entonces,  como es caracterizada por las narraciones populares, encierra historias muy relacionadas a la forma como los varones cortejaban a las mujeres, y los conflictos que esto llevaba, cuando la diferencia de clase era algo que problematizaba las relaciones, así mismo la exaltación del romance y el enamoramiento de forma folklórica y estereotipada, ya que esto bajo el enfoque de género nos advierte nuevamente la forma de socialización de los roles de género, ya que en varias leyendas las mujeres asumen el rol pasivo en la relación, pasaban a ser el objeto de deseo y de lucha entre los hombres, o la sujeta castigada y sentenciada a vagar por las calles con el objetivo de comunicar un mensaje de transgresión y castigo. 

Los personajes y situaciones representadas en las leyendas, nos manifiestan ciertos arquetipos, estos comprendidos como ideas originales que se exponen con variaciones en distintos contextos. Los arquetipos, pueden representar, un romance, un desamor, un asesinato, una condena, un hechizo, etc. Estamos hablando de eventos particulares que encierran en sí, un sistema de conocimientos populares; por ejemplo encontramos las ideas de: “no hacer determinada acción de noche”, “no seguir a determinados entes si nos encontramos solos”, etc. Siempre entre líneas se deja leer un llamado de advertencia, un llamado que nos muestra la importancia que tiene conocer lo que las personas mayores conocen. Las y los personajes arquetípicos responden a esos valores enraizados en costumbres y tradiciones asociados a ideas religiosas, sociales y culturales, asentadas siglos atrás. 

En las leyendas, dichos populares y cuentos, se encuentran cierto tipo de explicaciones y descripciones de fenómenos sociales, mezclados con eventos sobrenaturales, que encierran un mensaje y un aprendizaje para las generaciones. El conocimiento o el conjunto de conocimientos transmitidos en las leyendas y los arquetipos que estos encierran nos hablan de una forma comunal de expresar las vivencias sociales. Esto es lo que en el prólogo de Por los viejos barrios de la ciudad, se describe como “producto colectivo” (Lara, 1977) La problemática de las leyendas radica en congelar determinados valores profundos de la cultura que pertenecen a un contexto histórico particular. 

Esto genera que se generalicen los imaginarios sociales  que como ya se mencionó, se encuentran arraigados en contextos particulares, y que en cierta medida son distintos a los actuales. Claro está, la sociedad guatemalteca es una sociedad  fundamentalmente conservadora, la estructura social responde a esa perspectiva de vida, y por lo tanto no solo es necesario analizar las leyendas, sino también de actualizar sus contenidos según una relectura y una reescritura continua de las tradiciones, interpelando de manera directa con las y los sujetos portadores de la tradición oral el contexto actual. 

Es indispensable y necesario analizar las leyendas porque estas constituyen un mecanismo con el cual se transfiere no sólo conocimiento sino también elementos para la formación cognitiva y afectivo social de las personas; nuevamente en este estudio recopilatorio de Lara (1977) encontramos argumentos ligados a la desesperanza del autor por combatir lo que según él es el “olvido de las nuevas generaciones alienadas por los medios masivos” de las leyendas del país. Claramente los procesos de atracción de las leyendas y cuentos hacia las nuevas generaciones no son fáciles, sobre todo comprendiendo que cada generación construye y se interpela con distintas narrativas.  

Por lo tanto exigir o necesitar que las nuevas generaciones se construyan con base a las leyendas de antaño es no comprender que las formas de pensar y comprender la cultura cambian con el tiempo, es también óbice el no relacionar la capacidad imaginativa y discursiva de las leyendas y cuentos con la capacidad abstracta y reflexiva de las actuales generaciones, quienes a través de los dispositivos de entretenimiento y comunicación están a merced de distintos impactos mediáticos que ofrecen elementos culturales y patrones sociales vistos desde lo fantástico y lo imaginativo. 

Lo que trato de construir, es la propuesta de abordar las leyendas tradicionales a través de ojos, oídos y capacidades reflexivas contemporáneas. Que respondan e interpelen la dinámica globalizada actual de la cultura, porque cada vez más son los intentos de reducir y problematizar los elementos históricos de la cultura a simples caricaturas que determinen conceptos fáciles de digerir y dialogar, considero que en las leyendas encontramos suficientes factores tanto lingüísticos como simbólicos que siendo estudiados pueden ayudarnos a comprendernos un poco más, como una especie de seres vivos que tienen la imperiosa necesidad de contar historias y transmitirlas de generación en generación.  


Bibliografía 
Lara, C. A. (1977). Por los viejos barrios de la Ciudad de Guatemala. Ed. Univ..

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