La agricultura y la tenencia de la tierra en la época prehispánica 


Introducción


En el presente texto se integran elementos relacionados con la agricultura y la tenencia de tierra durante la época prehispánica. Ya que, como bien se sabe la agricultura ha significado para el ser humano un pilar fundamental en su proceso de constitución, no sólo por ser fuente de producción de alimentos necesarios para la supervivencia; sino también porque ha desempeñado un papel protagónico en la economía, la cultura y las prácticas sociales.

Por otra parte, en cuanto se habla de tenencia de tierra, se hace referencia a toda una serie de normas o leyes establecidas de manera consuetudinaria o jurídica que rigen las relaciones de un individuo o grupo respecto a la tierra. En este sentido los ámbitos agricultura y tenencia de tierra serán abordados desde el contexto de la época prehispánica, siendo el marco de referencia principal la literatura indígena.

Además, la relación entre agricultura y la tendencia de tierra aporta que era importante y fundamental tanto que, se consideraba a la siembra como elemento primordial para la vida y que además tenía un sentido espiritual en la cosmovisión Maya en la época prehispánica. Por otro lado, la tendencia de tierra cumplía con la función no sólo de apropiación sino de organización territorial y delimitación.
















Marco teórico


Según los distintos textos, las categorías de análisis de este trabajo son: agricultura y tenencia de la tierra. Si bien se puede observar que ambos tienen una conexión directa con la tierra, es decir esta es nuestra gran categoría de análisis. De la cual se subdividen distintos tópicos como lo son; los cultivos, sistemas de siembra, entre otras.

Tenencia de la tierra

La tierra fue un elemento de suma importancia en la época prehispánica, inclusive en la actualidad la tierra sigue siendo un tema de profundo análisis e importancia. Cómo es que los pueblos originarios se repartieron sus limitaciones geográficas y la ocupación que le daban estos mismos grupos es lo que se discutirá a continuación.

Según el Memorial de Sololá, en la primera parte nos habla que en la Creación se les asignó un territorio específico a todos los pueblos. El Memorial es una especie de libro de memorias del pueblo Cakchiquel:

En la introducción al Memorial anuncia el autor que va a escribir las historias de sus antepasados, tal como ellos solían contarlas; cómo llegó su pueblo, desde el otro lado del mar, a la legendaria Tulán, núcleo de las razas de México y Guatemala, y cómo, después de organizarse, los guerreros de las siete tribus emprendieron el viaje hacia el sur, buscando los montes y valles donde debían fijarse y prosperar bajo el sol de la civilización. (Fondo de Cultura Económica, 1980, pág. 15)

Se le reconoce a Tula/Tulán como el centro de difusión de las razas que poblaron la tierra. A Tula llegaron cuatro familias: Gekaquch, Baqaholá, Zibakihay y Xahilá, estos últimos eran los cakchiqueles. De estas familias salieron las siete tribus y trece parcialidades. Llegaron a Tula (pero existían más lugares como Tula; la Tula donde esta Dios y la Tula de Xibalbay. Únicamente se encontraba una Tula en la Tierra) y allí fueron engendrados y dados a luz. Allí fue donde Xibalbay creó la Piedra de Obsidiana y el Creador y Formador creó al hombre. El hombre fue creado maíz, por lo tanto, este se convirtió en el alimento principal de este (Fondo de Cultura Económica, 1980, págs. 40-42).

Los primeros padres y abuelos de los cakchiqueles eran Gagavitz y Zactecauh. Después de salir de Tula, fueron a la orilla del mar y se arrojaron para pasarlo y ver sus tierras. Al llegar a las puertas de Tulán (hay algo de confusión en esta parte) se les fue entregado a cada uno un palo rojo con su báculo y el nombre que recibían:

Así les habló la Piedra de Obsidiana. “Id a donde veréis vuestras montañas y vuestros valles; allá al otro lado del mar están vuestras montañas y vuestros valles ¡oh hijos míos! Allá se os alegrarán los rostros. Estos son los regalos que os daré, vuestras riquezas y vuestro señorío”. (pág. 44)

Como se mencionó anteriormente, se dividieron las siete tribus entre ellos estaban los quichés, zotziles, cakchiqueles, tukuchées y akajales. De esta manera cada pueblo se fue dispersando en la Tierra y se establecieron donde mejor les convenía. Con el paso del tiempo empezaron a instalarse en cada territorio y a formar una vida; cada uno con sus propios abuelos y padres, sus propias reglas, costumbres, agricultura, entre otros.

En la introducción del Memorial de Sololá se especifica que entre las fuentes indígenas de Guatemala se pueden catalogar en tres grupos: textos mitológicos (como el Popol Vuh), textos históricos (como el Memorial de Sololá) y probanzas de posesión de tierras (como el Título de Alotenango). Ya se habló de cómo en un principio fue que se repartieron las tierras los distintos pueblos; ahora bien, estas mismas ubicaciones y delimitaciones territoriales que poseían no fueron las que se mantuvieron hasta la invasión española.

Existen textos de probanzas de posesión de tierras como, bien se mencionaba, es el caso del Título de Alotenango donde en la época colonial los pueblos tenían que registrar sus tierras para tener una constancia de que dichas tierras eran suyas. En el caso de este Título se dio un conflicto con respecto al territorio entre los cakchiqueles y pipiles. El territorio guatemalteco:
Antes de la llegada de los españoles, la propiedad de la tierra era de carácter comunal. Sin embargo, los colonizadores españoles modificaron profundamente dicho régimen, al permitir a los españoles apoderarse de las tierras de los indígenas, especialmente las más aptas para la cría de ganado vacuno y caballar, así como para el cultivo de trigo y caña de azúcar, o para la explotación de jiquilite para la elaboración del tinte añil. Por ello, las comunidades indígenas debieron acudir ante las autoridades españolas a exigir el respeto de sus propiedades comunales. (Universidad Mesoamericana, 2008. pág. 14)

Existen otros textos como lo es Título de los Indios de Santa Clara la Laguna, donde se observa cómo es que a través de campañas de expansión de un señorío (en este caso del señorío quiché <Quicab>) iba ocupando territorio específico que poseía grandes riquezas, como las tierras del área del Lago de Atitlán y la Costa del Pacífico.

En este sentido al hablar de Santa Clara la Laguna, se sabe que su origen se remonta alrededor del año 1580, época en la que también fue fundada Santa Catarina Ixtahuacán, lugar del cual provenían. Ya que fuentes expresan que los santaclareños llegaron a poblar dicho lugar por orden de los principales de Santa Catarina, como una forma de asegurar que este lugar no les fuera confiscado por los señores tzutujiles. En este punto es importante mencionar que, durante el Postclásico Tardío, el territorio de Santa Clara (cuyo nombre prehispánico era Sija):

(...) se extendía sobre la cuenca superior del Río Nahualate y sus valles vecinos, incluido el del Río Yatza que pasa por Santa Clara. (...) la capital de los Aj sija o gente de Sija era en esa época una fortaleza imponente. (Universidad Mesoamericana, 2009 pág. 70)

Conformando entonces Sija para esa época una de los tres pilares de la política de Quicab. Por lo que esta área alberga gran valor y la forma de adquisición en que actuaba la tenencia de tierra, puede decirse que se debía a estrategias políticas y económicas. Ya que lo que se buscaba era el despojo absoluto de tierras para los tzutujiles.

No obstante, en períodos anteriores la adquisición de la tierra era prácticamente basada en la guerra. Ya que, para empezar, previo a las conquistas llevadas en nombre de Quicab, antes de 1425 el área del Lago de Atitlán había estado en manos de los tzutujiles, aproximadamente desde el siglo XI. El linaje dominante de este grupo eran los tz’ikin (Casa de Pájaro), los cuales constituían una alta nobleza de origen mexicano procedente de la Costa del Pacífico.

Durante el Postclásico Temprano los tzutujiles dominaron todas las riberas del Lago de Atitlán y la Bocacosta de Suchitepéquez (tierra altamente fértil). Sin embargo, esto cambió más adelante, ya que uno de los propósitos principales de la conquista de Quicab era la apropiación de las riquezas del lago y de las tierras de Bocacosta, puesto que estas constituían las tierras más fértiles de la región guatemalteca. Además de ser lugares idóneos para cultivos comerciales como el cacao, el algodón y el añil.

Cabe añadir que antes de ello, durante el Período Clásico:

(...) las ciudades que dominaban la Bocacosta se encontraban situadas en esta área o sobre el litoral del Pacífico. Durante el Posclásico Tardío fueron, sin embargo los poderes dominantes en el Altiplano-es decir, las confederaciones tzutujil (tz’utujiles), quiché (K´iche’), mam,pipil y cakchiquel (kaqchikel)-quienes estaban siempre tratando de apoderarse de la Bocacosta, en mutua competencia. (Universidad Mesoamericana, 2009 pág. 71)

En el Postclásico Temprano la Bocacosta fue poblada por los señoríos de Malaj (aparentemente descendientes de pueblos clásicos de la Costa del Pacífico). En el título de Totonicapán estos pueblos son llamados los malaj tz’utujil winaq, los cuales eran súbditos del señor de tzutujil. En este mismo texto también se habla sobre una alianza matrimonial entre una un señor quiché y una princesa malaj. El supuesto señor quiché probablemente fue antecesor de Quicab, y su alianza tuvo que haber significado en ese momento un gran paso para el pueblo quiché. Ya que se sabe que posteriormente los malaj se tornaron en contra de los señores tziquines de Atitlán, a los cuales derrotaron y volvieron vasallos de Gucumatz.

Finalmente, Quicab pudo frenar el proceso de expansión de los tzutujiles en Boca costa gracias a sus alianzas militares con otros grupos.  Ya que, al llegar a la parte del norte de Atitlán, el ejército quiché (ver anexo 1 para el mapa del territorio quiché) fue recibido por los vasallos tzutujiles, quienes: “(...) se rindieron y entregaron pescado, cangrejos, piedras preciosas y plata” (Universidad Mesoamericana, 2009, pág. 72).  Seguidamente:

Quicab (K’iq’ab) dividió el lago en dos, es decir, en cuanto al dominio de sus productos lacustres y de los litorales. En el Título de Totonicapán leemos que la parte occidental se quedó en manos de los quichés (k’iche’s) y que allí fue donde Quicab (K’iq’ab’) hizo sus siembras y milpas, en lo que hoy es Santa Lucía Utatlán y alrededores, mientras que la parte oriental quedó en posesión de los zotziles (sots’iles). A los mercenarios cakchiqueles (kaqchikeles) que participaron también en las conquistas del lago les correspondió desde entonces, aproximadamente hacia el 1425, la parte de Sololá que a partir de ese momento se volvió cakchiquel (kaqchikel). (Universidad Mesoamericana, 2009, págs. 72-73).

Así pues, podemos observar como mediante la conquista y apoyo a través de alianzas militares con otros grupos; se adquirirá el dominio de tierras y, en recompensa a los aliados se les era distribuido determinadas partes del territorio conquistado.

Por lo dicho anteriormente, ahora nos referiremos al texto Guerras comunes de Quichés y Cakchiqueles; donde se aprecia cómo a través de alianzas militares se les era asignado un territorio. Dicho texto muestra la ascendencia que tenía el Quicab (Señor quiché) sobre otros señoríos, a los cuales obligaba a aliarse para arrebatar tierras vecinas. Siendo así que bajo el nombre del Quicab los cakchiqueles (ver anexo 2 para el mapa de la distribución del territorio cakchiquel) ayudaron a conquistar pueblos como Cumatz, Tujal, Culajá (Quetzaltenango), Chimequená (Totonicapán) y parte de Huehuetenango.

En ese aspecto gracias a las alianzas con los cakchiqueles, fue que durante el reinado de Quicab se logró el crecimiento y consolidación de los tres señoríos provenientes de Tula, los cuales se habían asentado en el centro occidente de Guatemala; mencionados anteriormente. No obstante, al pueblo cakchiquel: “(...) se le asignó un lugar importante para el establecimiento de su corte, el sitio de Chiavar (en la actualidad, Santo Tomás Chichicastenango), muy próximo al asiento de la corte quiché en Gumarcaaj (cerca de Santa Cruz del Quiché)”. (Universidad Mesoamericana, 2009, pág. 153).

Así mismo también se dieron peregrinaciones indígenas. Como la de Tula hacia Guatemala, en la que emigraron grupo como los quichés, cakchiqueles y tzutujiles. Hay que tener en cuenta que los límites territoriales ayudaban a tener mejor organización y que servían para delimitar las tierras de otros pueblos, como lo refiere un título de los del pueblo de San Martín Xilotepeque:

Todas  las  señales  y  mojones  de  las  tierras  de  los  indios  del pueblo  de  San  Martín  que  están  escritas  en  un  medio  pliego  por orden  de  los  dichos  indios  y  que  están  en  la  lengua  materna (...) Primer  mojón  y  señal  de  las  dichas tierras  que  se  señalaron  es  un  río  grande  y  le  llaman  a  aquel  lugar Choy  Chichic  Jalcat  y  de  allí  va  subiendo  y  llega  a  otro  río  llamado Pixcayá  y  se  llama  a  aquel  lugar  Xalkat  Sacmaychoy  y  Sacruayá Chicojom  y  de  allí  sale  subiendo  el  mismo  río  Pixcayá  a  un  lugar que  le  llaman  Chua  Pec  Keká  Cajol  Nimá  Abaj  a  los  cuatro mojones (Universidad Mesoamericana, 2008. pág. 161).


Este título es un ejemplo de la distribución de tierras pasada la época prehispánica con intervención de la corona española, pero que a raíz de disputas por los mismos pueblos originarios se realiza una audiencia y se presentan los títulos correspondientes con la tendencia de tierra y ratificar ese derecho y poder delimitar por medio de un mapa, donde aparecen las líneas de separación de los diferentes monjones. Y con base a esta audiencia dice: “Quedó testimonio de este título en los autos donde estaba presentado y que siguieron en esta Real Audiencia con los indios del pueblo de Santo Domingo Sinacán. Y pongo esta razón para que conste en Guatemala en veinte y cuatro de septiembre de mil seiscientos ochenta y nueve año” (Universidad Mesoamericana, 2008. pág. 163).

Agricultura

En el siguiente apartado se hablará de la importancia y el rol que la agricultura jugó en la época prehispánica y en los distintos pueblos originarios de Guatemala. Ya que “Si bien sus actividades económicas cambiaron a lo largo de su historia y paralelamente se diversificaron, la agricultura se encuentra en el centro de sus vidas” (Cambranes, 1992 pág. 75). Además, por ser un tema que abarca bastantes subtópicos no se puede dejar de hablar del comercio, sistemas de siembra, cultivos, periodos de uso y descanso, entre otros.

En base de las investigaciones llevadas a cabo en los sitios arqueológicos, con métodos arqueométricos ( en los que se incluyen estudio sedimentológicos, como también  botánicos, análisis de residuos, entre otros ) nos han mostrado la evidencia de una agricultura intensiva y extensiva en los asentamientos prehispánicos; entre la evidencia material se puede mencionar como ejemplo resultados de los artefactos de cerámica del sitio arqueológico Río Azul, en el cual 4 vasijas revelaron indicios de cacao dentro de ellas, otro ejemplo en el sitio arqueológico Colha, ubicado en Belice, se analizaron vasijas con vertederas del período preclásico medio y tardío en el cual los resultados indicaron que las vasijas contenían cantidades del compuesto exclusivo del cacao. En estudios sedimentarios se ha encontrado la evidencia de árboles de diferentes especies, cercanas a las áreas categorizadas como habitacionales para esa época; En sí existe una cantidad de evidencia que denota la importancia de la agricultura no solo como un método de subsistencia y adaptación sino también englobada de magia, espiritualidad y simbolismos.

Según Rojas (1989): “La agricultura era la principal actividad humana, la más generalizada e importante. También era el eje de la vida cotidiana” (pág. 129). La agricultura fue uno de los mayores logros y avances tecnológicos, económicos, sociales y culturales que el ser humano ha implementado a lo largo de su historia. Es de especificar que a lo largo de este apartado se estará haciendo referencia a una obra específica de Rojas (1989) la cual está basada en la agricultura prehispánica de México y abarca parte de Mesoamérica; es esta parte en la cual la autora habla al respecto de Guatemala.

Las rutas de comercio jugaron un papel principal en el desarrollo de la agricultura, estas fueron tanto terrestres (a través de caminos y calzadas) como acuáticas (botes pequeños hechos de madera) y se dio en toda el área mesoamericana, estas marcaron tanto relaciones políticas, sociales y económicas con la implementación de uso de la moneda, en ese entonces fue el cacao.

Las Crónicas Mesoamericanas (2008) mencionan cuáles eran los principales alimentos que se consumían y se cultivaban en las distintas áreas de Guatemala (ver anexo 3, para la distribución geográfica de Guatemala en la época prehispánica) en la Costa Sur del Pacífico o Bocacosta era una tierra abundante de maíz, pataxte, cacao, zapote, anonas, jocotes, nances, pescados, cangrejos, sal, matasanos, copal y miel.
De igual forma, el Altiplano Occidental junto con la Costa Sur del Pacífico era un territorio deseado por los distintos pueblos ya que era una región con riquezas como lo mencionamos anteriormente. Cuando tributaban también daban cacao y pataxte entre otras cosas como lo eran las plumas de quetzal y oro. Esta tierra era la más fértil de Guatemala y obviamente para las plantaciones de cacao; y no podemos dejar afuera la importancia que el cacao y el maíz tenían en la época prehispánica.
Rojas (1989) nos menciona que: “El maíz era la planta de cultivo más importante del área Mesoamericana” (pág. 129). Hay que recordar que la cosmovisión de los pueblos originarios era que el ser humano había sido creado del maíz, como vimos en el Memorial de Sololá, por lo tanto, dicho alimento se volvió importante en la gastronomía de estos.
Prueba de la cosmovisión de los pueblos originarios también se encuentra en el escrito del POPOL VUH “antiguas historias del Quiché” con la historia de la madre de Hunahpú e Ixbalanqué llamada Ixquic que exclama a Chahal para que la ayude, y pueda llevar el alimento que la suegra le había encomendado que era precisamente maíz. Y es relatado de la siguiente manera:
¡Ixtoh, Ixcanil, Ixcacau, vosotras las que conocéis, el maíz; y tu Chahal, guardián de la comida de Humbatz y de Hunchouén¡, dijo la muchacha. Y a continuación cogió las barbas, los pelos rojos de la mazorca, y los arrancó, sin cortar la mazorca. Luego los arreglo en la red como mazorcas de maíz y la gran red se llenó completamente. (Fondo de Cultura Económica, 1986, pág. 63)
En los distintos textos indígenas se puede observar cómo es que en los distintos asentamientos de los pueblos había siempre cacao o cacaotales (como se les llamaba). Ejemplos de ello son: el Título de los Señores de Sacapulas, Título de Xilotepeque, Título de Alotenango, Guerra comunes de Quichés y Cakchiqueles, la relación de las cosas de Yucatán entre otros (Para ver los cultivos y productos de las distintas áreas geográficas véase anexo 4).
En el caso del Título de Alotenango se menciona que este es traducido como “pies de cacao”, o sea, plantas individuales productoras de tan importante fruto. (Universidad Mesoamericana, 2008, p.127) Tanto el pueblo de Alotenango como los de Esquintepeq sembraban milpas de cacao. “(…) durante las guerras de expansión que realizaron para controlar las ricas tierras de la Costa Sur, vitales para la economía del pueblo cakchiquel, por ser allí donde se cultivaba cacao.” (Universidad Mesoamericana, 2008, pág. 127).
El maíz y el cacao son elementos rituales muy importantes en la cosmovisión maya, iconográficamente se han representado en toda el área;  un ejemplo podemos mencionar la asociación del árbol de cacao con el jaguar, “se consideraba al jaguar como el protector del árbol,  una de las causas de esta asociación simbólica ritual es que el jaguar acompañaba al árbol de cacao porque había un animal que se alimentaba de los frutos de esta planta, tal especie es el mono, porque aparte de alimentarse de él, se considera el principal agente de su dispersión natural, por tal motivo aparecen representados y asociados al cacao en contextos simbólicos rituales” (Sarcor, 2007, pág. 106). También la utilización del mismo como una bebida exclusiva y moneda en las relaciones de comercio.
En base en varios estudios, se cree que los Mayas tuvieron incluso un dios del cacao conocido como Ek Chuah, era el dios del cultivo de cacao y de los comerciantes, la importancia de esta deidad pudo darse en representación de la importancia de los granos utilizados como moneda por comerciantes. (Ibid, pág 202).
Si se está hablando de agricultura; un tema muy importante para la siembra y el cultivo de los distintos alimentos, es el clima y la vegetación del lugar. Dependiendo de estos factores de esa misma manera se implementaba el sistema de riego necesario, la obra de siembra, etc… En el caso de los mayas, Johnston (1997) quien en su texto donde habla acerca de la productividad de los sistemas tradicionales de agricultura tropical nos dice:
Como ustedes saben, los ecosistemas tropicales son frágiles y distintivos. En un bosque tropical húmedo, tal como lo es el de Petén, los nutrientes se encuentran no en los suelos, como en los ambientes templados (tales como en el altiplano guatemalteco), sino en la vegetación que sostiene el suelo. Los suelos de los bosques tropicales contienen muy bajas concentraciones de nutrientes. Debido a que los nutrientes se encuentran en la cubierta del bosque, los humanos adquieren estos nutrientes al botar y secar la vegetación, quemándola y soltando estos nutrientes en la forma de ceniza. Esta forma de agricultura es conocida como roza. Después del primer o segundo año de cultivo, la productividad de los campos de milpa decae severamente. Debido a que el grupo de nutrientes requeridos para la agricultura residen en el bosque, los agricultores deseosos de restaurar la fertilidad de sus campos deben de dejarles descansar. Durante este descanso, las plantas crecen y la cubierta regresa a los bosques.  (Johnston, 1997, pág. 513)
Aquí Johnston (1997) nos introduce a dos nuevos factores los cuales son la forma de agricultura y los periodos de uso y de descanso del suelo. Rojas (1989) se basa en un modelo de Boserup (1965), Palerm (1967 y 1972) y Wolf (1971) para ejemplificar cuántos años son los periodos de uso y descanso, en qué tipo de elevación a nivel del mar se utilizó y qué sistemas se utilizaron (ver anexo 5). Los periodos de uso y descanso no eran en vano, los grupos prehispánicos los implementaban porque sabían que si no lo hacían podrían llegar hasta padecer hambre. Ellos cuidaban su tierra y de cierta manera se podría decir que sanaban la tierra por medio del descanso que les correspondía. La abonaban y procuraban que tuviera la más mínima alteración.
Se utilizaban fertilizantes como: estiércol humano, abonos verdes (esquilmos de las cosechas, plantas silvestres, hojarasca, etc…), aluviones, lodo y agualodo, plantas acuáticas y el de cenizas. El de cenizas o el de quema (también lo menciona el Memorial de Sololá y Johnston): “En los “tablones” de la Guatemala actual, terrenos irrigados que se cultivan intensivamente los restos del maíz se amontonan, y se queman antes de hacer el primer riego, más tarde se ara la tierra y se planta con el plantador” (Guzmán 1962:404)” (Adrián Recinos, 1989, pág. 159).  De igual manera Rojas (1989) también nos habla acerca de una: “(...) técnica de rozar o limpiar la vegetación a fin de preparar el suelo para la siembra mediante la tumba y quema” (pág. 131). Se podría llegar a concluir que en el territorio guatemalteco esta técnica de quema fue utilizada.
Ahora bien, también existía la siembra en asociación y las rotaciones de los cultivos porque existen temporadas para cada uno de los alimentos. Los cultivos tenían sus meses de siembra y de cosecha, muchas veces no se daban todos al mismo tiempo, pero existían cultivos que se daban a veces dos o tres tipos al mismo tiempo:
Por asociación se entiende aquí la siembra y coexistencia de dos o más cultivos en una misma parcela, sean anuales o perennes. Las dos principales formas arquitectónicas o estructurales de una asociación son la alternación y el mosaico; cuando la siembra de los cultivos se efectúa en un solo momento se dice que es concomitante, pero cuando se escalona o hace en momentos distintos es imbricada. (...) Por rotación se entiende la sucesión de cultivos diferentes en ciclos continuos sobre un área de terreno determinada. (Rojas, 1989, pág. 168)
Existen evidencias de que en Guatemala se realizaron cosechas múltiples de maíz en tierras bajas y muy húmedas del suroeste del país.
Los sistemas con labrado del suelo y el de los sistemas de roza con mínima alteración del suelo. El primero se llevaba a cabo en zonas templadas y frías; y el segundo se realizaba en zonas boscosas y selváticas de tierra caliente y templada. Según Rojas (1989) en las tierras bajas mayas de la zona de Choltí-Lacandón y Petén-Itzá; había una gran variedad de plantas anuales y perennes: maíz (2 cosechas al año), frijol, calabaza, camote, jícama, chile, algodón, tabaco, piña y chayote. También matas de cacao y árboles de fruta. (Rojas, 1989, págs. 170 y 171).
Las terrazas, metepantles y “presas”, se utilizaban para efectos de erosión y contener el suelo en deslave. Se aprovechaba la capacidad de absorción y retención de humedad y del agua de lluvia y riego. (Rojas, 1989, p.186) La importancia de estos radica en, como bien lo mencionaba Rojas (1989), en que al implementar las terrazas se acortan los periodos de descanso del suelo. Los periodos de uso y los periodos de descanso del suelo o la tierra eran necesarios ya que, de esta manera se puede asegurar y garantizar el éxito de la agricultura. La tierra no puede estar en uso constante, de lo contrario su fertilidad se podría estar perdiendo.
Un ejemplo de los periodos de descanso de la tierra se da entre el Municipio de San Miguel Petapa, Villa Nueva y la Ciudad Capital, para la época prehispánica. Durante el periodo preclásico temprano o formativo temprano se dan los primeros asentamientos humanos en estas áreas de aproximadamente 20 a 40 personas, además, se dan las primeras adaptaciones agrícolas. Sin embargo, es hasta el preclásico medio donde se da un aumento de la población de hasta 70 a 135 personas, lo que provocó, que se le diera importancia a la agricultura como método de subsistencia, por lo tanto, se considera que para este periodo se utilizaba la técnica agrícola extensiva de la rosa, la cual pudo haber requerido de unos 25 años de descanso por cada año de cultivo en una milpa, este tiempo era necesario para dejar descansar la tierra, regenerar la vegetación nativa y recuperar la fertilidad del suelo.
 Posteriormente a esto, se considera que la población disminuyó considerablemente a un treinta por ciento menos, siendo la población de unas 50 a 90 personas distribuidas en los asentamientos de Petapa, Taltic y San Antonio el Frutal, seguramente por el tiempo que se dejaba de producir la tierra, que provocaba en los habitantes buscar más recurso para subsistir.
Para el periodo preclásico terminal o protoclásico, hay nuevamente un aumento drástico en la población que va a definir la especialización agrícola para los siguientes siglos, puesto que la población aumenta 175 a 300 personas distribuidas en los asentamientos antes mencionados. De esta manera, la intensificación agrícola aumentó, siendo ahora solo diez años de descanso por cada año de cultivo en una milpa. Así mismo, durante el clásico temprano y medio aumentó la población hasta llegar a más de 2,000 habitantes dispersos nuevamente en los 3 asentamientos.
Para este periodo en el Valle de Guatemala se reconstruyó un sistema agrícola de dos años de cultivo consecutivos con diez años de descanso, que aplicaría para esta zona pues las personas se vieron forzadas a intensificar su agricultura, reducir los tiempos de descanso de la tierra o aumentar los años de cultivo consecutivos. Esta intensificación en la agricultura fue el resultado de un cambio en la tendencia de la tierra, provocando un cambio de una tendencia comunal a una individual de la tierra, debido a que era más eficiente y necesario para los agricultores vivir cerca de los terrenos que estaban labrando intensivamente, llevando a la población a dispersarse en asentamientos más pequeños. A pesar de ello, para el clásico tardío se duplicó la población, aunque se encontraba dispersa en pequeñas aldeas, aumentando entre los 2,000 a 4,000 habitantes, siendo Taltic uno de los asentamientos que más aglomeración de personas tenía.
En el clásico terminal y principios del posclásico, ocurre una disminución de la población de hasta 1,000 habitantes. Una de las razones de esta dispersión o abandono de asentamientos, ocurre por explotación excesiva de la tierra y el mal manejo de la misma, porque ya había más población que necesitaba de ese recurso, dedicándose más personas a esta práctica, sin dejar algún espacio que sirviera para que, en el tiempo de descanso, fuera cultivable y hacerse la rotación de terrenos para cultivo cada periodo de descanso. Hay otras teorías que tratan de explicar estos procesos, sugiriendo que también la destrucción de la tierra va acompañada de la falta de un sistema de irrigación sofisticado para los cultivos y también la erosión de los suelos como factores naturales.
Wilken (citado por Rojas, 1989) nos dice que al usar las terrazas esto ayudaba a: (...) intensificar su uso. Esto no quiere decir que la terraza sea necesariamente fértil, pero al ser “rejuvenecida” por los aluviones, aumentar el grosor del suelo y conservar la humedad, las parcelas tienden a ser más productivas que los campos vecinos que no las tienen” (pág. 186).
Algunas de las terrazas utilizadas en Mesoamérica fueron:
En las terrazas de ladera (...) la superficie de cultivo puede ser más o menos amplia, plana y horizontal; según sea la pendiente y las obras realizadas, desde simples terrazas de contorno y de temporal, hasta otras a manera de escalones y con irrigación permanente, es decir, las llamadas en Guatemala “tablones”. (Rojas, 1989, pág. 190)
Según esta misma autora (Rojas, 1989) existieron terrazas de laderas alrededor del lago de Atitlán: “Las terrazas irrigadas de las laderas que rodean el lago de Atitlán se extienden hasta la parte baja de la orilla, y ambas se llaman tablones, pero su origen prehispánico no se sabe” (pág. 192). De igual forma hay evidencia de que el uso de dichas terrazas se implementó desde la Sierra Madre Oriental hasta los Altos de Guatemala y en las zonas húmedas del altiplano (pág. 188).
En los anexos se podrá ver ejemplos de las terrazas de contorno (anexo 6 y 7) y terrazas de ladera (anexo 8). Es el momento de especificar que ambos ejemplos de terrazas no son de Guatemala, ya que, no se pudo encontrar imágenes de dichas terrazas en el país. Los ejemplos de las terrazas de contorno son de la cultura inca de Perú, las cuales eran conocidas como “andenes” (Waltman, 2015-2019) los cuales eran básicamente lo mismo que los “tablones” en Guatemala (que se especificó anteriormente) lo que cambia son algunos factores que no se discutirán; y el ejemplo de la terraza de ladera es de las terrazas de campos de arroz en Vietnam.
La agricultura prehispánica no solamente se basaba en cultivar y cosechar los alimentos, esta actividad conllevo sistemas de ingeniería, fuerza de trabajo, relaciones sociales, entre otros. Algunos de los sistemas de riego se podían implementar por: canales, de manantiales y ríos perennes, riego temporal de ríos permanentes, por inundación o avenidas, de riego a brazo, riego permanente tipo chinampas y campos drenados, otros (como, por ejemplo, depósitos pluviales en cimas y galerías filtrantes).
Los mayas probablemente utilizaron la agricultura de roza en campos fijos. Combinaron huertos y uso intensivo de campos de milpa. Al igual que utilizaron campos elevados, terrazas y laderas (Johnston, 1997, pág. 514).
Uso de instrumentos como lo era el “coatl” y el hacha. De igual manera lo era el “uitzoctli” o palo/bastón plantador.
Sistema de irrigación para los cultivos
El sistema de Irrigación podría definirse no sólo, como un método de subsistencia, sino como, representaciones materiales de organizaciones sociales, sugiriendo de estos conceptos el término Sociedades Hidráulicas, un tipo de organización social y laboral basada en el manejo de agua, y no solamente como sociedades que explotan sistemas de irrigación (Barrientos 2000:3)
En el Sitio Kaminaljuyú se ha identificado, uno de los ejemplos de ingeniería hidráulica, registrando tres canales de irrigación, construidos en épocas distintas, aunque existe una controversia con el último canal construido, ya que no se sabe si se hizo en una época posterior del segundo canal o se trata de una derivación del mismo. Para llevar a cabo estas técnicas de irrigación, hay que tomar en cuenta que la tierra en que fue asentada la ciudad, es un terreno muy fértil, ya que están conformados por arena, barro y arcilla; además, la inclinación del terreno, y la formación de lagunas en áreas muy bajas, propiciaron de un suelo apto para la siembra y cosecha especialmente de maíz y el desarrollo de un sistema de irrigación para los mismos. Es importante resaltar, que, a través de las investigaciones realizadas en el sitio, se ha podido realizar este tipo de hipótesis, además de las huellas de surcos en contadas en el terreno.
Como se mencionó anteriormente, hay tres canales de irrigación en Kaminaljuyú siendo el Canal Miraflores, San Jorge y Mirador. Para la contracción de dichos canales, se necesitó de varias características tecnológicas que respondieron a tres necesidades básicas que se han definido para el uso del agua en la agricultura: movimiento de agua, cantidad de agua y organización de fuerza laboral para la irrigación (Ibíd. 5)
El canal de Miraflores se origina en la parte sur del lago Miraflores con un ancho de 3.30 m y 5.80 m de profundidad y con una longitud entre 500 a 1,000 m. Este canal se ha fechado para el preclásico medio (fase Providencia). Siendo este un salto en la ingeniería hidráulica para aquella época, respondiendo este a la necesidad de contratar el abastecimiento de agua para la irrigación de los cultivos, además, también podía controlarse la velocidad del agua, a pesar de esto, podría decirse que se trata de uno de sistemas más simples de irrigación, que imita los procesos de inundaciones naturales.
El canal San Jorge, fue construido durante el preclásico tardío (Fase Verbena), ya que el canal Miraflores fue dejado de utilizar y rellenado por causas que se desconocen. El canal San Jorge se construyó casi paralelamente al Miraflores, presentando dimensiones que doblan a las del anterior, llegando a tener un ancho de 18 m y fondo de 8 m. Su longitud total llega a 1750 m. Tomando en cuenta que este segundo Canal albergaría una cantidad mucho más grande de agua y representaría una mayor rapidez en la distribución del recurso hídrico hacia los cultivos.
Este canal, tuvo canales secundarios y cultivos intensivos en tablones, y si fue así, que se utilizaron tablones, entonces la agricultura en esta época se basó en el cultivo de hortalizas como se hace actualmente en el altiplano guatemalteco. Además, el uso de tablones permitiría que se dieran hasta 3 conde chas al año; sin embargo, al igual que el canal Miraflores este también fue rellenado durante las fases Arenal o San Clara. Este suceso tiene gran trascendencia, ya que apoya la idea que la laguna Miraflores se secó durante este periodo, debido a que, el sistema de irrigación se basó en esta fuente de agua, este secamiento significa el final de la agricultura intensiva en esta parte del sitio.
El Canal Mirador ha presentado ciertos problemas con su fechamiento, ya que se ha considerado que este pudo haberse construido durante el clásico temprano (fase Santa Clara) o durante el preclásico medio cuando se construyó el Canal San Jorge, siendo un canal secundario de este, ya que si se recuerda para el preclásico tardío-terminal, hay hipótesis que la laguna Miraflores se secó, que sería la que abastecería a los tres canales. Midiendo este canal 2.60 m de ancho con una profundidad de 3 m y una longitud de 230 m.
 Pero la importancia de este canal reside en que en sus paredes tiene salientes con ángulos de 900, lo que representaría un sistema de contrapuertas para el control de la liberación de agua para la irrigación de los cultivos. Seguramente, la construcción de cada uno de estos canales provocó, que los habitantes de Kaminaljuyú, adoptarán por dedicarse a la actividad agrícola por el éxito tecnológico de los canales de irrigació, y que, de tal manera, se dedicarán a explotar más la tierra para producir más, a través del cultivo intensivo y extensivo, provocando que la Laguna de Miraflores que abastecía los canales se secará, dejando sin el recurso hídrico necesario que hacían funcionar los canales de irrigación.


















Conclusiones

      La agricultura fue un ámbito que sobrepasaba los límites de la mera producción de alimentos. Se trataron temas como el comercio, obras de ingeniería, el clima, vegetación, entre otros. Lo que da a establecer de igual forma una jerarquización y orden en los diversos conglomerados de personas, en este caso, de los pueblos originarios. A esto se quiere referir a que, para poder llevar a establecer los sistemas de riego, las obras, etc… se necesitaba una estrategia y un orden para su ejecución.
      Un tema muy importante es: la tierra. Desde su cultivación hasta su distribución, es un tema que sigue siendo de mucha polémica en el presente. Vemos en la época prehispánica que existían distintos mecanismos para la distribución de los territorios (desde la creación hasta las guerras, alianzas militares y campañas de expansión).
      Cómo se pudo describir con anterioridad la agricultura y la tendencia de tierra, puede ser comprendida como algo íntegro que contiene en sí, sistemas de siembra, cultivos, cosmovisión/intimidad con lo natural, delimitación territorial o distribución, conocimiento ancestral, comercio y poblaciones originarias que habitaban determinado lugar. Por lo que la tierra es la categoría de análisis central y conexión entre ambas, que generaba interacciones dinámicas con otros pueblos del contexto prehispánico.



















Bibliografía

Academia de Geografía e Historia. (2011). Atlas historico de Guatemala. (J. Luján Muñoz, Ed.) Guatemala: Print Studio, S.A.
Barrientos Q., Tomás (2000). Kaminaljuyu: ¿Una sociedad hidráulica? En XIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1999 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo, B. Arroyo y A.C. de Suasnávar), pp.21-41. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).
Cambranes, J. (1992). 500 años de la lucha por la tierra. Estudios sobre propiedad rural y reforma agraria en Guatemala. (Vol. 2). Guatemala: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).
Fondo de Cultura Económica. (1980). Memorial de Sololá, Anales de los Cakchiqueles: Título de los Señores de Totonicapán (Primera reimpresión ed.). (A. Recinos, & J. Chonay, Trads.) México-Guatemala: Piedra Santa.
Fondo de Cultura Económica. (1986). Popol Vuh: las antiguas historias del Quiché. (A. Recinos, Trad.) México: Colección Popular.
Johnston, K. (1997). Ecología agrícola tropical y el colapso Maya. En X Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1996 (editado por J.P. Laporte y H. Escobedo), pp.512-523. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).
Murdy N. Carson (1985). La población prehispánica y sus adaptaciones agrícolas en la zona de San Miguel Petapa, Guatemala. Revista Mesoamericana No. 10 Cirma.
Patrick, M. (2015-2019). Inca Agricultural Terraces. Obtenido de Your Shot: https://yourshot.nationalgeographic.com/photos/10269473/
Universidad Mesoamericana. (2008). Crónicas Mesoamericanas: Tomo I. Guatemala: Editorial Galería Guatemalteca.

Universidad Mesoamericana. (2009). Crónicas Mesoamericanas: Tomo II. Guatemala: Editorial P Mesoamericana.

Rojas, T., & Sanders, W. (1989). La tecnología agrícola mesoamericana en el siglo XVI. En T. Rojas, Historia de la agricultura: época prehispánica, 

Comentarios